La cicatriz emocional de la cesárea.

Por Verónica Leiras (fundadora de Bombón y Mamá, asesora de lactancia y mami de dos niños maravillosos)

cicatriz tras cesárea

Un pensamiento recurrente en el embarazo es el momento del parto. Nos lo imaginamos e idealizamos una y otra vez. Pero a veces no se cumplen las expectativas puestas en este momento, y eso termina generando una gran frustración en el mejor de los casos. Una frustración que muchas veces va cogiendo forma de culpa.

Cuando todo va perfecto nos sentimos plenas, y todos los méritos son externos (pareja, matrón/matrona, gine,..) pero en cuanto algo falla todos los “méritos” pasan a ser nuestros. Nos fustigamos pensando qué hicimos mal, para que ese parto imaginado y soñado no se diera. Nosotras y sólo nosotras tenemos la culpa.

Yo pasé por este proceso en dos ocasiones. Dos cesáreas que me dejaron dos grandes cicatrices. Cicatrices profundas, imborrables. No hablo de esas marcas de guerra que quedan en nuestro vientre, sino de esas marcas que quedan en el alma.

A veces intentas verbalizarlo con otras personas, pero no encuentras ni comprensión ni empatía, solo tiritas en forma de palabras:

“Bueno, te ahorraste el parto” “No es para tanto” “Piensa que el bebé está bien” “La cicatriz apenas se nota” ¿¿En serio, de verdad te parece que estoy pensando en la puta cicatriz??

En un parto vaginal, si todo va bien, enseguida te ponen a tu bebé encima. Te huele, te reconoce, te encuentra, y se produce ese momento mágico, la impronta, en el que bebé y mamá se ven, se miran, se enamoran, y ahí nace ese primer vínculo.  Un vínculo que a las mamás de cesárea nos roban.

¿Cómo viví yo mis cesáreas?

Entre una y otra pasaron 8 años. Y no hubo grandes diferencias a nivel técnico. Aunque sí a nivel humano.

La primera cesárea se produjo tras 12horas de contracciones regulares y una dilatación que no pasó de los 2cm., pasé casi todo el tiempo en una cama con las correas, tras 8 horas me pusieron la epidural. No recuerdo haberla pedido, pero tampoco negarme a ella. La sensación, en términos generales es de muñeco de trapo. Nadie me informaba de nada. No sabía por qué iba a quirófano, ni que cuando me enseñaron al bebé y me permitieron darle un besito, ya le habían hecho reanimación con oxígeno (me enteré tras el alta, al leer los informes)

Nadie me contó que iba a estar 3 horas separada de mi bebé en REA, sola y sin información. Que a mi cachorrito le habían dado biberones de leche artificial y chupete sin mi consentimiento, y que rechazaba el pecho porque estaba saciado y sin ese instinto de supervivencia que le haría encontrar mi pezón plano.

Por dos días me lo traían a ratos, ya que estaba ingresado en observación. Esos dos días sentí a mi hijo como algo ajeno a mí. Nunca lo bajé a ver, me conformé con esos ratitos. No cuestioné el que me dijeran que descansara, que ya me lo subirían. A día de hoy le doy mil vueltas, y no entiendo por qué, y me siento culpable por ello aún a día de hoy. Dejé a mi peque sin su madre en una fría cuna de hospital, sin mi calor, sin decirle "tranquilo, mamá está contigo".  Me encontraba como quien está ingresado por una operación de apendicitis y no por haber sido madre.

Nos robaron esos primeros momentos, ese enamoramiento inicial.

Mi segundo embarazo no podía terminar igual. Me lo pasé leyendo, informándome, viendo conferencias, estudiando el funcionamiento útero en el proceso del parto, qué hormonas entran en juego y qué papel tienen.

Llegué a la semana 41 de embarazo, y me programaron el parto. Empezábamos mal. Yo quería un parto natural, respetado y sin epidural.

La noche anterior la pasé con muchos nervios, y diciéndole a mi bebé que era su momento, que tenía que poner todo en marcha si no quería que lo “obligasen” a nacer. Y  tres horas antes del ingreso, pasó. Se me rompió la bolsa de manera espontánea y comenzaron las contracciones. Me sentía eufórica, estaba convencida de que esta vez sí podría ser.

Me tocó una matrona maravillosa, que fue respetuosa en todo momento. Me permitieron comer y beber, me trajeron la pelota, las correas se ponían solo en momentos puntuales, y si me pillaban en la ducha (me pasé casi todo el tiempo así, escuchando una lista de canciones que me hacían sentir bien) se esperaban a que yo quisiera salir para hacer el control.

Las contracciones ya eran muy seguidas e intensas, y pensaba que el momento estaba cerca. Ahí cometí mi primer error. No me habían hecho ni un solo tacto, pero me mataba la curiosidad por saber que esta vez todo era distinto, y pedí uno. Quería que me dijeran que todo estaba en marcha, que estaba de 6cm, o qué sé yo… La cagué.

Enseguida me convertí en mi peor enemiga, me vine abajo. 12 horas de contracciones, 2cm dilatados y cuello sin borrar. A eso se le sumaba bajada de pulsaciones del bebé con cada contracción. Me desmoroné, perdí el control de la situación, todo se me estaba haciendo muy familiar. Pedí la epidural, quería estar preparada para esa cesárea que me veía venir, y que al final fue. Mi peque solo estaba  estable si yo me acostaba sobre mi lado izquierdo, y sin contracciones.

De manera artificial me cortaron las contracciones por el peque, y me las volvían a inducir para intentar arrancar el proceso de parto.

Pero ya iban 16 horas, el cuello seguía intacto y sin pasar de los 2cm de dilatación.

Durante este tiempo me explicaron todo, me intentaron mantener tranquila, y aunque sólo tenía ganas de llorar, y me sentía fracasada, tenía calor humano por parte del personal.

Otra vez sola en quirófano, otra vez me dejaron darle un beso al peque, y otra vez lo separaron de mí. Cinco largas horas, en las que me contaron que el peque estaba haciendo piel con piel con el padre. Que la glucosa era estable, por lo que no le iban a dar nada hasta estar conmigo.

Y llegó el momento del reencuentro. Pusieron su cuerpecito desnudo encima del mío. Fue increíble sentirlo reptar hasta que consiguió llegar a mi pecho. El tiempo se detuvo. Sentí que recuperaba un trocito de algo que me habían robado años atrás.

Y aunque no puedo evitar tener cierto sentimiento de culpa, no saber en qué fallé, por qué mi cuerpo, preparado como el de todas las mujeres, para dar a luz, no siguió el curso natural.

Haberme venido abajo, poner la epidural en contra de mis principios y otra vez haberme perdido esos primeros momentos tan importantes, la sensación fue muy distinta. ¡Qué importante es, y que distinto se vive una situación, según el personal de guardia que te toque! Supongo que en el momento que nos permitan, a pesar de las cesáreas, entrar acompañadas a quirófano, y tener la recuperación con tu bebé, esa sensación de momentos robados e irrecuperables desaparecerá.

Por suerte cada vez más hospitales se están sacando la certificación IHAN (Iniciativa para la Humanización de la Asistencia al Nacimiento y la Lactancia), lo que permite (salvo causas médicas justificadas), entre otras cosas, realizar un piel con piel inmediato tras el nacimiento, sea parto vaginal o por cesárea, y todo lo que conlleva a nivel emocional.

 



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  • Marina en

    ¡Qué decirte! Hace 6 meses y medio pasé por una cesárea. Mi primera hija, buscada con emoción y pum! A las 21 semanas empiezan a acortar controles hasta convertirse en semanales por bajo peso. Después inducción a la semana 37, que fracasó y acabó en cesárea a las 50 horas del ingreso y con 28 horas en ayunas a la espalda. Tardé en ver a mi hija (cuando me la enseñaron en el quirófano aún estaba sedada y me enteré poco) y a los 15 minutos me dicen que la ingresan. No la volví a ver hasta el día siguiente porque era incapaz de moverme (física y emocionalmente) y la tuvieron 8 días ingresada. Después de todo esto, la frase “pero bueno, al final todo ha salido bien” suena a burla. Ya no sé cuantas veces la he oído. Mucho ánimo y mucha fuerz, te agradezco tu escrito ya que ver que no estás sola en este duele ayuda mucho a perdonarte y curarte. Al menos a mi. Un abrazo.

  • Olalla en

    Puf … Me han caído las lágrimas al leerte.
    No puedo ponerme en tu lugar, no he pasado esa experiencia pero sí puedo decirte que tu cuerpo no falló, tú no fallaste, has traído al mundo a dos pequeñ@s.
    Falla el entorno pero tú no.
    Un abrazo.

  • Olalla en

    Puf … Me han caído las lágrimas al leerte.
    No puedo ponerme en tu lugar, no he pasado esa experiencia pero sí puedo decirte que tu cuerpo no falló, tú no fallaste, has traído al mundo a dos pequeñ@s.
    Falla el entorno pero tú no.
    Un abrazo.


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