El padre, a la llegada del primer hijo.

Por Elvira Cobas (Enfermera. Experta en cuidado emocional y empoderamiento de mujeres. Emprendedora y madre de tres niñ@s)

papá con su bebé

A la llegada del primer hijo a casa, muchos padres entran en un proceso complejo, de búsqueda de su lugar en la familia. Si antaño las madres éramos las encargadas de la crianza y los padres del sustento, el cambio de roles en la sociedad ha abocado a muchos hombres, de una parte, a una mayor participación en la crianza de sus hijos, pero de otra, a un espacio incierto, en donde sus roles, no están clarificados.

Biológicamente hablando, las madres y sus hijos recién nacidos, están diseñados para que los procesos de regulación, crecimiento y maduración internos, tengan lugar en el ámbito íntimo de la cercanía de sus cuerpos. Hay procesos internos de mimetización por los que el bebé aprende a regular el estrés de la vida, fuera del útero. Y ese proceso, se produce exclusivamente, en contacto con el cuerpo de la madre.

Lo mismo sucede con la vinculación emocional. Desde el momento del nacimiento lo que el bebé reconoce como su zona de confort, su zona segura, es el cuerpo de la madre. Su olor. Su voz. El sonido del su corazón. Si los separamos para dar entrada al padre en sus cuidados, generamos una respuesta de ansiedad y estrés, innecesaria, y además perniciosa, para un recién nacido cuyos mecanismos de regulación del estrés no están todavía desarrollados.

En los primeros meses de vida de su hijo, el papel de un padre comprometido con la crianza, no está en separarlo del cuerpo de la madre, sino en hacerse reconocible junto a ésta. En la seguridad del cuerpo materno, el bebé es más receptivo al aprendizaje. Sabe que está en la zona segura y desde ahí es más fácil abrirse a nuevas voces, nuevos olores, al tacto, a la visión de una nueva mirada con la que poder vincularse también. Pues la visión del bebé, está adaptada para poder enfocar sus ojos y ver los ojos de su madre, cuando lo está amamantando. En una suerte de visión hipnótica desde la que se produce el enamoramiento de este par de almas.

El papel de un padre en los primeros meses de vida de su hijo es fundamental. Pero lejos de lo que muchos padres creen, no está tanto en cambiar pañales, alimentar a su hijo con biberón para “compartir tareas”, o llevarlo en brazos, sustituyendo a la tradicional figura de la madre. Sino en fortalecer a la díada madre-hijo.

El gran papel de un padre, es sostener a la madre en esos primeros momentos, en los cambios tan importantes que están aconteciendo en su vida y en su cuerpo.

El cuerpo y la mente de una mujer se transforma totalmente con la maternidad. Y esta transformación afecta a su identidad. Partes de su vida sobre las que antes sostenía su valía, necesitarán ahora recolocarse para poder seguir sintiéndose valiosa, amada, atractiva. Difícil tarea en los días en que a las diez de la noche sigue en camisón, acunando a un niño que no cesa de llorar y sin haberse peinado.

Cualquier hombre que quiera participar activamente en la crianza de su hijo, debe hacer del centro de su universo a su compañera. Mirarla con amor, extrema comprensión, dulzura. Haciéndole ver, que no sólo ve en ella a una madre. Sino que en esa mujer llorosa, con las hormonas revueltas, y el pelo alborotado, ve a su amada compañera. A su amiga, a su confidente, a la mujer en donde encontraba su refugio. El reposo del guerrero.

Una mujer con un bebé necesita de su compañero. De su protección. Necesita saber que puede estar entregada en cuerpo y alma a la tarea que la naturaleza le ha encomendado en este momento de su vida, preparando a su hijo para salir a la vida.

No todos los padres podrán entenderlo, ni estarán presentes. Pero habrá un día, en que si el niño ha sido sostenido, apoyado, y se siente seguro emocionalmente, querrá más. Se levantará entonces un día, lleno de inquietudes, curioso por saber a dónde va su padre cada mañana. Con el deseo de salir al mundo, de explorarlo. De comprender por fin, qué misterios se escondían, más allá del cuerpo de la madre.

Será el tiempo entonces, en que una madre que ha criado con la comprensión, el apoyo y el amor de un compañero, pueda construir el camino de salida de su hijo hacia su padre, sabiendo que su hijo está listo para ello, y que su padre, es el puerto seguro desde el que su hijo podrá explorar y conquistar, los confines del horizonte.



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